Declaración Simple de la Misión

Porque Él nos amó primero, y porque ese amor nos restauró del dolor y el sufrimiento,
porque vino a nuestro rescate, y no para condenarnos,
encontrándose entre nosotros por amor a nosotros (Jn. 3:16-17).

 

En las Comunidades de Fe decidimos seguir un modelo que permita y promueva la vida y la libertad; que no es más que la Gracia que recibimos. De tal manera podemos decir que:

 

              Somos un grupo de personas que en unidad (unión común, comunidad), nos reunimos en torno a la figura de Jesús, como modelo a seguir en nuestra práctica de fe. Creemos que en Él están depositadas todas las aspiraciones de un ser humano integral, y cada día nos ayudamos y acompañamos mutuamente para caminar juntos hacia el centro, hacia su ejemplo.

 

                Creemos en un Dios Padre creador y amoroso, creemos en el Espíritu Santo que con su aliento de vida nos acompaña, y creemos en el Hijo, en Jesucristo, que es el mismo Dios hecho hombre, que ha venido a vivir entre nosotros para mostrarnos el camino a seguir, dejándonos huellas claras sobre las cuales pisar. En su caminar entre nosotros nos ha provisto de salvación, preocupado y detenido en cada aspecto de la vida de las personas, fue atendiendo el sufrimiento físico, psíquico, emocional y espiritual.

 

            En la riqueza narrativa de los evangelios, encontramos historias impregnadas de imágenes campesinas, de jornaleros, de constructores y sembradores. Profundizando en ellas, logramos ver los matices que tienen, y como el amor del Padre busca –a partir del relato de Jesús- reconciliarnos y devolvernos a una vida plena. Vivimos alienados por nuestras propias faltas, volviendo la espalda al modelo de hombre íntegro que hay en el nazareno. Su acción de amor, de hablarnos con claridad, de mirarnos incluso en la traición, nos perdona de nuestras fortalezas egoístas. Pero así como las perdona, nos acompaña en el proceso de desarmarlas, de tirarlas abajo, volviendo la mirada a Jesús, para construir una nueva vida, una nueva posibilidad. Trastoca nuestro camino de alienación y abre una nueva senda que nos lleva a vivir plenamente como seres humanos que seguimos su ejemplo, y miramos hacia Jesús como centro.

 

El alcance de la salvación que de Él proviene es mucho más que la espiritual, y su restauración se da en los planos de lo personal y lo comunitario. Jesús nos ha salvado de nuestros propios errores, pero también nos ha salvado de la condenación social, del pecado social, de los imperios, las legiones, y la religiosidad que solo pone cargas pesadas, imposibles de llevar, sobre los hombros de las personas. A través de Él es que recibimos “nueva vida”, y es a partir de esta que tenemos un nuevo testimonio en las “buenas noticias” que hay en la salvación que proviene de Jesús. Su amor es mucho más que declamativo, absorbe toda maldad para devolvérnoslo en bienestar y restauración integral.

 

                Una de las características principales del amor de Jesús -que es Dios hecho hombre que en esa acción se despoja de su deidad por amor- es el llamamiento a amar y cuidar toda la obra creadora del Padre, y principalmente a todo hombre, toda mujer, a los niños, las niñas, adolescentes y jóvenes. Entendemos que amar y cuidar es lo contrario a juzgar y condenar. Por ese motivo en las Comunidades de Fe no aprobamos ninguna forma de discriminación o rechazo por motivos de clase, de etnia o raza, de enfermedad o padecimiento, de orientación sexual o de cualquier otra condición que forme parte de la diversidad humana. Creemos en la cultura de la libertad que hay en Cristo, en la fraternidad entre los seres humanos, y en el cuidado ecológico de la tierra que nos entregara para ser sus mayordomos.

 

                Siguiendo a Jesús como el centro, procuramos abrazar con amor incondicional -así como hemos recibido la incondicionalidad de su amor- sin juzgar a nadie. El modelo de amor en el caminar de Jesús nos devela que hemos sido llamados para “amarnos los unos a los otros”. Toda justicia queda en manos de Dios como nuestro padre creador, entendiendo que nuestro deber es amar, y que es el Espíritu el que realiza la obra en las personas. El Reino de Justicia está entre nosotros.

Quienes somos...

Somos una iglesia / comunidad de fe, que comparte sobre la gracia y el amor incondicional de Dios. Nuestra fe nos ha liberado de los sistemas de opresión y exclusión, restaurándonos como personas integrales. Lo relacional, la comunidad, es fundamental en el proceso de restauración: preguntas, repuestas, aceptación, reconocimiento, con toda la complejidad humana. Creemos en que otra vida es posible siguiendo el modelo de Jesús.

La Misión Gracia y Libertad, se rige por una Coordinación General, integrada actualmente por miembros fundadores y otr@s que se han sumado. En cada nueva Comunidad de Fe que se establece se conforma una Coordinación Local. Si en una misma región hubiera varias Comunidades de Fe, se sugiere se conforme una única Coordinación Regional.

La Coordinación General está conformada en la actualidad por: Ana Silva, Facundo Pittón, Mariela Benitez, Hernán Dalbes (pastor) y Horacio Sandi (pastor auxiliar) .

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Ana Silva

Coord. Gral.
Ana se desempeña como miembro de la Coordinación General de MGyL, y tiene a cargo el Servicio de Música.
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Facu Pittón

Coord. Gral.
Facundo es uno de los co-fundadores de la Misión, y miembro de la Coordinación General de la MGyL.
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Mariela Benitez

Coord. Gral.
Co-fundadora de la Misión y miembro de la Coordinación General. Tiene a su cargo el desarrollo del Proyecto Yacanto.
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Hernán Dalbes

Pastor
Co-fundador de la Misión. Miembro de la Coordinación General. Es el primer Pastor ordenado en la MGyL.
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Horacio Sandi

Pastor
Se integró a la MGyL en 2019. Es Pastor y tiene a cargo el acompañamiento para el desarrollo de nuevas Comunidades.
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