Un Detective entre las Parábolas de Jesús

Publicado por Comunidades de Fe en

Domingo 15 de septiembre 2019

Ciclo C. 24º del Tiempo Ordinario.
16º Domingo después de Pentecostés.
(Leccionario Común Revisado)

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.  Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.  Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse“.
Y les dijo también: “Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?  Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido”.  Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”. Aclamemos el Evangelio del Señor.

Evangelio de San Lucas 15.1-10
Traducción: El Libro del Pueblo de Dios (Ediciones Paulinas)

El ver demasiado la serie inspirada en las andanzas del conocido personaje creado por Agatha Christie, el detective Hercule Poirot ha producido graves consecuencias en mis métodos exegéticos. Una y otra vez este detective repite con insistencia que ante la escena del crimen nada es como parece ser y creo que debemos aplicar este criterio en el análisis de este pasaje del Evangelio.

Soy consciente que todos los testimonios y comentarios al texto no están muy a favor de mis conclusiones, pero al igual que Monsieur Poirot he de atreverme a formular interpretaciones desconcertantes fundamentadas en una observación de los más pequeños detalles.

En primer lugar y en posición destacada debemos observar el grupo que se acerca a escuchar a Jesús de Nazaret. Quizás sea este seguimiento una respuesta visible a la recomendación que quien tenga oídos para oír, que oiga. Frente a este grupo políticamente y teológicamente incorrecto están aquellos que continúan murmurando frente a la escandalosa inclusión de las mesas de Jesús de Nazaret. Estos son los que oyen pero no escucha ni comprenden.

Quienes estamos inmersos en la promoción de derechos y de todos las personas y grupos sometidos a diversos estigmas, conocemos muy bien esta murmuración. Las mesas de la inclusividad incondicional que queremos construir siguiendo el modelo de las mesas de Jesús de Nazaret, también han de producir esa murmuración y escándalo. Seguramente las mesas de comunión en la cual queremos sentarnos en condición de equidad y de igualdad provocan toda clase de sospechas entre quienes se oponen a la proclamación de una buena noticia a los oprimidos y estigmatizados. Comer con usuarios de drogas, con quienes han hecho del trabajo sexual su fuente de subsistencia, hombres que tienen sexo con hombres, personas de identidad transgénero y con todas aquellas personas y grupos en situación de vulnerabilidad al estigma y discriminación, provocan hoy la misma murmuración entre quienes son consideradas teológicamente bien pensantes de nuestras comunidades. Cuando esta murmuración se establezca tendremos la confirmación que estamos en el camino correcto porque no podemos pretender, que la y el discípulos sea mejor tratado que Aquel al que reconocemos como Maestro y Modelo.

Por lo tanto en el centro de la escena no está enfocado sobre los publicanos y quienes son considerados pecadores sino estos fariseos y escribas, es decir los pilares teológicos y pastorales fundamentales de la comunidad de fe que murmura. No perdamos de vista a quién Jesús de Nazaret le está dedicando estas dos breves parábolas: la oveja perdida y la moneda extraviada. No son parábolas destinadas a los publicanos y quienes con los códigos de pureza consideran pecadores a los diferentes sino para los que pretenden ubicarse por encima de toda sospecha y de toda mancha y con capacidad de murmurar.

Por lo poco que conozco de las cuestiones de campo, en general, las ovejas tienden a estar juntas a base de un fuerte espíritu gregario. Es raro que se aparten del rebaño y si lo hacen es porque ocurrió algo que modificó transitoriamente su natural conducta. Para evitar cualquier pérdida y extravío de las ovejas tenemos al pastor que tiene la tarea de cuidarlas. Algo ocurrió que esa función que no se cumplió con total responsabilidad. El centro de esta primera parábola es principalmente la conducta del pastor y no sobre las ovejas.

Si recordamos que aquellos que se oponen a la inclusividad de Jesús de Nazaret son los dirigentes religiosos de su comunidad y que esta parábola está dirigida justamente a estos, la alegría y el gozo en el cielo es por la oveja perdida y encontrada que simboliza la posible conversión de estos intelectuales cuando reparan su equivocada comprensión de las Escrituras y cambian su conducta y salen al encuentro de aquellas personas y grupos alejadas de la comunidad a causa  de su errada forma de comprender el Amor de Quien nos hace iguales.

También hay que tener presente el gesto de este pastor que sale a reparar su descuido y al encontrar a la oveja perdida no le hace ningún planteo ni le pone ninguna condición, simplemente con mucho amor la coloca sobre sus hombros para llevarla nuevamente al redil al cual nunca dejó de pertenecer. Toda esta forma de actuar es coherente con la parábola del Hijo Pródigo que viene a continuación. Tiene la misma estructura. La búsqueda es reparadora pero el encuentro es incondicional y el gozo y alegría es transformador de toda la comunidad.

Como aplicación práctica de esta parábola estamos llamados a salir al encuentro, de personas y grupos que rígidos códigos de pureza y una mirada fundamentalista de las Escrituras, llevo a tomar caminos que las alejó de la comunidad. En estas dos parábolas enfrentamos a quienes se resisten a compartir la celebración de la inclusión incondicional.

En la segunda parábola, la de la moneda de poco valor extraviada, la situación queda aún más clara. La moneda no tiene ninguna responsabilidad por haberse extraviado y sería absurdo que pensemos que tiene que arrepentirse de esa situación. Esta oveja y esta moneda representan a los adversarios al mensaje de inclusividad anunciado y vivido por Jesús de Nazaret. Aquí quienes están en el centro del relato no es la moneda perdida sino la mujer descuidada.

Por lo tanto este largo discernimiento nos lleva a una total e inesperada relectura de la conclusión de ambas parábolas: “Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”.  Independiente de la consideración si esta frase es un agregado realizado por el Evangelista Lucas y que no pertenecía al texto original de las parábolas, su contenido no se aplica a quienes se han perdido porque ellos ya han sido encontrados y están para escándalo de muchos, sentados en la mesa de la inclusividad. Se aplica a quienes murmuran,  a los pastores que extravían ovejas  y las personas que pierden monedas, es decir a quienes son dirigentes la comunidad de fe que, con una comprensión limitativa y excluyente de las mesas de comunión, son en realidad los verdaderos pecadores que necesitan convertirse porque son ellos y ellas quienes pierden ovejas y extravían monedas. Sobre esa conversión los ángeles cantaran de alegría y todo el cielo ha de celebrar esa liberación de una lectura de las Escrituras literal y fundamentalista.

Con la afirmación que solo por fe en solo Cristo y en su sola gracia, la inclusión no se fundamenta en la conversión como requisito sino que será consecuencia de esa sola fe transformadora en solo la acción gratuita de Cristo, tal como nos lo revela Jesús de Nazaret y en la sola gracia de Aquel que llama a la mesa de la inclusión. La conversión no es un requisito de esa mesa pero si es un requisito para dejar de murmurar y dejar de escandalizarnos por las inesperadas inclusiones de Aquel que se hace pan de la unidad en la diversidad.

Pastor Lisandro Orlov. Septiembre 2019.
Buenos Aires, Argentina

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