Delta, mate, madrugada y pléroma.

Publicado por Comunidades de Fe en

El silencio de la madrugada en el Delta es bullicio de aves y agua. Lo acompaño del mejor mate del día, el de la mañana, el que no preparás así nomás, el que es metódico hasta el punto exacto de ebullición del agua, las 5 gotas de agua natural, el descarte manual del polvillo. Ahora que todo está detenido, tomo el primer mate y miro el verde intenso que tengo frente. Tomo el segundo mate y pienso en “pléroma”, plenitud.

Vengo, en estos tiempos, haciendo nuevos amigos. Ayer Tomás lanzó un pregunta en su muro de facebook que me dejó pensando todo el día: ¿Para qué un Jesús que viene, si aún no hemos comprendido al Jesús que vino?. Entonces vuelvo sobre mi última reflexión, y trato de hacerme la misma pregunta que se hace Tomás. Tal vez, como iglesia, muchas veces corremos desde el relato implacable del antiguo pacto, destacando la ira y el carácter de Dios, y nos pegamos una corrida hasta el Apocalipsis para darle el mismo tono “fatal” que usamos al comenzar, haciendo una lectura literal y ajena a la realidad del hombre. Pero… ¿hablamos de Jesús? Claro, hablamos, pero no cambiamos el tono. Todo tiene el mismo tono de voz, el de un relato épico, como las películas de los años 60 sobre historias de la Biblia. Y si nosotros no cambiamos el “tono”, no encontramos matices. Y es en los matices donde aparecen datos reveladores para entender al “Jesús que vino”. Ahora, para esto amigos, hay que cambiar el tono.

Hay historias pequeñas, y profundas. Momentos en la vida del carpintero donde lo que ocurre cambia el tono, el sentido. Son matices que no tomamos en cuenta, pero que rompen el esquema de pensamiento religioso. Las conocemos, las leímos, pero como lo hicimos desde el concepto de un relato, le conocemos el nombre, en que evangelio y capítulo, incluso versículos, están esas historias, pero no nos detuvimos a ver su profundidad. No nos detuvimos a ver como Dios cambió el tono.

La transfiguración de Jesús, que se encuentra en el Evangelio de Lucas (9.28-36), es un buen ejemplo de esto: “Unos ocho días después de decir esto, Jesús, acompañado de Pedro, Juan y Jacobo, subió a una montaña a orar. Mientras oraba, su rostro se transformó, y su ropa se tornó blanca y radiante. Y aparecieron dos personajes -Moisés y Elías- que conversaban con Jesús. Tenían un aspecto glorioso, y hablaban de la partida de Jesús, que él estaba por llevar a cabo en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño, pero, cuando se despabilaron, vieron su gloria y a los dos personajes que estaban con él.” (Lc. 9.28-32 NVI). Ya hemos dicho buena cantidad de veces que Jesús es Dios, por cuanto Dios es Jesús, entonces que mientras oraba se haya transfigurado no es un milagro ni nada por el estilo, es la naturaleza de Dios en Jesús, la confirmación del Dios hecho hombre. ¿Y por qué Jesús no andaba todo el tiempo con su rostro transfigurado, y su vestimenta blanca y radiante? ¿Por qué fue en este momento que dejó ver su gloria, su naturaleza divina? A mí me parece que la respuesta está en los matices que continúan el relato.

Para judíos como Pedro, Juan y Jacobo, la Ley y los Profetas eran la base fundamental de creencias. Aunque estaban al lado de Jesús, muchas veces no lo comprendían, incluso dudaban. Imagínense que cuando se despabilan un poco lo ven a Jesús transfigurado, junto a Moisés y Elías. Su Rabí, estaba mostrando su gloria, y dialogaba con Moisés, quien representa la Ley, y con Elías quien representa a los profetas. Este cuadro, si se quedaba aquí, confirmaba el concepto de “refundación religiosa del judaísmo” que tenían. Estaban siendo parte de una de las “cumbres” más importantes. Y ellos, medios tontos de sueño y cansancio, estaban ahí como protagonistas. Deberían tener el ego más grande que un porteño en ese momento. Y el jetón(*) de Pedro, da cuenta de eso: “Mientras estos se apartaban de Jesús, Pedro, sin saber lo que estaba diciendo, propuso: -Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Podemos levantar tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías.” (Lc. 9.33 NVI). El tipo se salía de la vaina(**): “¡qué bien que estemos aquí!”, no lo podía creer. Aclaro que no le digo jetón por ser agresivo, sino que el mismo versículo dice “Pedro, sin saber lo que estaba diciendo, propuso…”. Todo era perfecto, todo cuadraba para la base de creencias, para este aspecto religioso de seguir la Ley como condición del favor de Dios, sentirse seguro de la Ley y del lado correcto. Para ellos no había nada mejor que pudiera pasar.

Es entonces donde aparecen los “tonos y matices”: “Estaba hablando todavía cuando apareció una nube que los envolvió, de modo que se asustaron. Entonces salió de la nube una voz que dijo: “Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Después de oírse la voz, Jesús quedó solo. Los discípulos guardaron esto en secreto, y por algún tiempo a nadie contaron nada de lo que habían visto.” (Lc. 9.34-36 NVI). Esa sensación exaltante se convierte en NADA, al punto que se asustaron. Y todo lo que estaba predestinado a ser por preconceptos religiosos cambia. Allí desaparece Moisés (la Ley), Elías (los Profetas), y solo queda Jesús, y la autoridad de Dios dando este carácter de relación con el mundo: “Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Lo simbólico de que desaparezcan la Ley y los Profetas, y que solo quede el Cristo en el que se consumaría el Nuevo Pacto, no es nada menor. Tal debe haber sido el aturdimiento, el golpe radical a la base de creencias, que “los discípulos guardaron esto en secreto” y por algún tiempo no fueron capaces de contarlo.

¿Qué es lo que había que escuchar de Jesús? Ese es el desafío. Cuando decimos que la Ley se resume en el mandamiento de amarse los unos a los otros, estamos hablando de la profundidad con la que Jesús, el que ya vino, es al que debemos descubrir. Volviendo a la pregunta de Tomás, ¿cuánto nos queda por entender del que ya vino, antes de andar “jetoneando” como lo hizo Pedro? Es que nosotros somos tan imperfectos como Pedro y los otros once. ¿Quién le dió más trabajo a Jesús? ¿Las multitudes o los discípulos? ¿El mundo que entendemos a conquistar cual cazafantasmas, o nosotros?

Oración. Padre bueno, que nos amás tan imperfectos y limitados de entendimiento. Que nos perdonás que pretendamos reducirte a un manual y reglamento de conductas apropiadas. Que nos insistís con que escuchemos a tu Hijo escogido. Perdona cada gesto de sobervia pedante y religiosa que tenemos con el mundo, aquel mundo al que enviaste a tu Hijo, por amor al mundo. Enseñanos a amarlo, a dialogar con él, a respetar las diferencias, a no sentirnos los “superhombres” que en tu nombre “impondremos” cosas a la fuerza sobre el prójimo, cosas que son de nuestra humanidad y no de tu Espíritu. Que tu Espíritu, tu aliento, tu ruáj, nos acompañe, nos ayude a comprender tu Palabra con “pléroma”, plenamente; que no nos deje, y nos de la sabiduría de seguirte aprendiendo a amar lo diferente en la libertad que vos lo amaste. Y perdoná estos y tantos otros pecados innumerables que tenemos, aunque nosotros no seamos capaces de perdonar a los que apenas nos ofenden. Gracias Padre bueno. Amén.

Hernán Dalbes. (10 de Enero de 2018)

* Jetón: “suelto de boca”, que habla sin pensar, que habla mucho, que no para de hablar tonterías.
** salirse de la vaina: estar tan exaltado o emocionado que no se puede contener, al punto de decir cualquier cosa por demostrar su emoción.


es_ARSpanish
es_ARSpanish